Encuentro Literario Virtual
  Coelho I
 
PAULO COELHO

ONCE MINUTOS





Argumento de Once minutos

Maria es de un pueblo al norte de Brasil. Todavía adolescente, viaja a Río de Janeiro, dónde conoce a un empresario que le ofrece un buen trabajo en Ginebra. Allí, Maria sueña con encontrar fama y fortuna pero acabará ejerciendo la prostitución. El aprendizaje que extraerá de sus duras experiencias modificará para siempre su actitud ante sí misma y ante la vida. Once minutos es una novela que explora la naturaleza del sexo y del amor, la intensa y difícil relación entre cuerpo y alma, y cómo alcanzar la perfecta unión entre ambas. Once minutos ofrece al lector una experiencia inigualable de lectura y reflexión.

MOTIVOS LITERARIOS:

BÚSQUEDA DE AVENTURA Y LIBERTAD:

Nuestra protagonista en el fondo, toma todas sus decisiones basada en el deseo de vivir nuevas experiencias, ser aventurera y libre como un ave. De hecho, por eso tiene miedo de quedarse con Ralf, por miedo de que al acabarse la libertad, se acabe el sueño y el amor.

BÚSQUEDA DE PLACER:

En determinado momento Maria busco el placer, de hecho, por poco cae en el oscuro mundo del sadomasoquismo a causa del placer carnal que sentía, pero después pudo descubrir que el dolor no era la mejor manera de obtener aquello que buscaba.

BÚSQUEDA DEL AMOR:

Maria, en todo momento, a pesar de haber perdido de cierto modo la esperanza de encontrar a su príncipe azul, siempre se siente buscando aquella mitad perdida que la hará sentir plena, y le enseñara el amor.

BÚSQUEDA DE SUPERACION:

Maria siempre quiso superarse, tenia un proyecto de vida, salir de la prostitución y convertirse en la dueña de una hacienda y mantener a sus padres. Ella tenia una gran fuerza de voluntad y gracias a ello siempre logró sus metas.

DESEO DE VOLVER A SENTIR:

Ralf, el hombre que Maria amó, cayó rendido ante ella pues vio su “luz” y entonces supo que ella seria la persona capaz de devolverle la capacidad de amar, la capacidad de sentir. Ella le daría el conocimiento necesario para entender a una mujer, amar y sentirse amado.

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LA BRUJA DE PORTOBELLO

Sinopsis del Libro


La bruja de Portobello - Paulo Coelho:
El autor explora de nuevo el mundo femenino, profundiza en sus miedos, en la espiritualidad y en la necesidad de buscar sentido a la vida.

Athena es una mujer con un don de la naturaleza. Hija adoptiva de una mujer libanesa y un próspero industrial de Beirut, se traslada a vivir a Londres con su familia poco después que estalle la guerra en su país. En la universidad conoce al que se convertirá en padre de su hijo pero las dificultades que atraviesa la joven hacen que el matrimonio pronto se rompa.
Convertida en madre, no puede dejar de pensar en la mujer que la trajo al mundo y, para entender cómo pudo abandonarla, decide emprender un viaje a Rumania y buscar a su madre biológica. Pero un viaje nunca te lleva sólo a dónde pensabas ir, y lo que Athena descubre en este viaje cambiará para siempre su vida y las vidas de los que la rodean.
En La bruja de Portobello Paulo Coelho nos ofrece una trama fascinante y llena de intriga, a través de la cual el lector acaba descubriendo una larga tradición basada en la fuerza femenina y en el amor. Una novela absolutamente imprescindible en el mundo de hoy.



Video
Paulo Coelho e A Bruxa de Portobello
Paulo Coelho fala sobre temas de seu novo livro A Bruxa de Portobello



Entrevista a Paulo Coelho
Entrevista a Paulo Coelho en el programa No hay Moros en la Costa, conducido por Jorge Moya





MANUAL DEL GUERRERO DE LA LUZ

Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros,que a Vos recurrimos. Amén

PRÓLOGO

—En la playa al este de la aldea, existe una isla, con un gigantesco templo lleno de campanas —dijo la mujer.
El niño reparó que ella vestía ropas extrañas y llevaba un velo cubriendo sus cabellos. Nunca la había visto antes.
—¿Tú ya lo conoces? —preguntó ella—. Ve allí y cuéntame qué te parece.
Seducido por la belleza de la mujer, el niño fue hasta el lugar indicado. Se sentó en la arena y contempló el horizonte, pero no vio nada diferente de lo que estaba acostumbrado a ver: el cielo azul y el océano.
Decepcionado, caminó hasta un pueblecito de pescadores vecino y preguntó sobre una isla con un templo.
—Ah, esto fue hace mucho tiempo, en la época en que mis bisabuelos vivían aquí —dijo un viejo pescador—. Hubo un terremoto y la isla se hundió en el mar. Sin embargo, aun cuando no podamos ya ver la isla, aún escuchamos las campanas de su templo, cuando el mar las agita en su fondo.
El niño regresó a la playa e intentó oír las campanas. Pasó la tarde entera allí, pero sólo consiguió oír el ruido de las olas y los gritos de las gaviotas.
Cuando la noche llegó, sus padres vinieron a buscarlo. A la mañana siguiente, él volvió a la playa; no podía creer que una bella mujer pudiese contar mentiras. Si algún día ella regresaba, él podría decirle que no había visto la isla, pero que había escuchado las campanas del templo que el movimiento del agua hacía que sonasen.
Así pasaron muchos meses; la mujer no regresó, y el chico la olvidó; ahora estaba convencido de que tenía que descubrir las riquezas y tesoros del templo sumergido. Si escuchase las campanas, sabría su localización y podría rescatar el tesoro allí escondido.
Ya no se interesaba más por la escuela, ni por su grupo de amigos. Se transformó en el objeto de burla preferido de los otros niños, que acostumbraban a decir: "Ya no es como nosotros, prefiere quedarse mirando el mar porque tiene miedo de perder en nuestros juegos".
Y todos se reían, viendo al niño sentado en la orilla de la playa.
Aun cuando no consiguiese escuchar las viejas campanas del templo, el niño iba aprendiendo cosas diferentes. Comenzó a percibir que, de tanto oír el ruido de las olas, ya no se dejaba distraer por ellas. Poco tiempo después, se acostumbró también a los gritos de las gaviotas, al zumbido de las abejas y al del viento golpeando en las hojas de las palmeras.
Seis meses después de su primera conversación con la mujer, el niño ya era capaz de no distraerse por ningún ruido, aunque seguía sin escuchar las campanas del templo sumergido.
Otros pescadores venían a hablar con él y le insistían:
—¡Nosotros las oímos! —decían.
Pero el chico no lo conseguía.
Algún tiempo después, los pescadores cambiaron su actitud.
—Estás demasiado preocupado por el ruido de las campanas sumergidas; olvídate de ellas y vuelve a jugar con tus amigos.
Puede ser que sólo los pescadores consigamos escucharlas.
Después de casi un año, el niño pensó: "Tal vez estos hombres tengan razón. Es mejor crecer, hacerme pescador y volver todas las mañanas a esta playa, porque he llegado a aficionarme a ella". Y pensó también: "Quizá todo esto sea una leyenda y, con el terremoto, las campanas se hayan roto y jamás vuelvan a tocar".
Aquella tarde, resolvió volver a su casa.
Se aproximó al océano para despedirse. Contempló una vez más la Naturaleza y, como ya no estaba preocupado con las campanas, pudo sonreír con la belleza del canto de las gaviotas, el ruido del mar, el viento golpeando las hojas de las palmeras. Escuchó a lo lejos la voz de sus amigos jugando y se sintió alegre por saber que pronto regresaría a sus juegos infantiles.
El niño estaba contento y —en la forma en que sólo un niño sabe hacerlo— agradeció el estar vivo. Estaba seguro de que no había perdido su tiempo, pues había aprendido a contemplar y a reverenciar a la Naturaleza.
Entonces, porque escuchaba el mar, las gaviotas, el viento en las hojas de las palmeras y las voces de sus amigos jugando, oyó también la primera campana.
Y después otra.
Y otra más, hasta que todas las campanas de templo sumergido tocaron, para su alegría.
Años después, siendo ya un hombre, regresó a la aldea y a la playa de su infancia. No pretendía rescatar ningún tesoro del fondo del mar; tal vez todo aquello había sido fruto de su imaginación, y jamás había escuchado las campanas sumergidas en una tarde perdida de su infancia. Aun así, resolvió pasear un poco para oír el ruido del viento y el canto de las gaviotas.
Cual no sería su sorpresa al ver, sentada en la arena, a la mujer que le había hablado de la isla con su templo.
—¿Qué hace usted aquí? —preguntó.
—Esperar por ti —respondió ella.
Él se fijó en que, aunque habían transcurrido muchos años, la mujer conservaba la misma apariencia: el velo que escondía sus cabellos no parecía descolorido por el tiempo.
Ella le ofreció un cuaderno azul, con las hojas en blanco.
—Escribe: un guerrero de la luz presta atención a los ojos de un niño. Porque ellos saben ver el mundo sin amargura. Cuando él desea saber si la persona que está a su lado es digna de confianza, procura verla como lo haría un niño.
—¿Qué es un guerrero de la luz?
—Tú lo sabes —respondió ella, sonriendo—. Es aquel que es capaz de entender el milagro de la vida, luchar hasta el final por algo en lo que cree, y entonces, escuchar las campanas que el mar hace sonar en su lecho.
Él jamás se había creído un guerrero de la luz. La mujer pareció adivinar su pensamiento.
—Todos son capaces de esto. Y nadie se considera un guerrero de la luz, aun cuando todos lo sean.
Él miró las páginas del cuaderno. La mujer sonrió de nuevo.
—Escribe sobre el guerrero —le dijo.

Un guerrero de la luz nunca olvida la gratitud.
Durante la lucha, fue ayudado por los ángeles; las fuerzas celestiales colocaron cada cosa en su lugar y permitieron que él pudiera dar lo mejor de sí.
Los compañeros comentan: "¡Qué suerte tiene!". Y el guerrero a veces consigue mucho más de lo que su capacidad permite.
Por eso, cuando el sol se pone, se arrodilla y agradece el Manto Protector que le rodea.
Su gratitud, no obstante, no se limita al mundo espiritual; él jamás olvida a sus amigos, porque la sangre de ellos se mezcló con la suya en el campo de batalla.
Un guerrero no necesita que nadie le recuerde la ayuda de los otros; él se acuerda solo y reparte con ellos la recompensa.
Todos los caminos del mundo llevan hasta el corazón del guerrero; él se zambulle sin vacilar en el río de las pasiones que siempre corre por su vida.
El guerrero sabe que es libre para elegir lo que desee; sus decisiones son tomadas con valor, desprendimiento y —a veces— con una cierta dosis de locura.
Acepta sus pasiones y las disfruta intensamente. Sabe que no es necesario renunciar al entusiasmo de las conquistas; ellas forman parte de la vida y alegran a todos los que en ellas participan.
Pero jamás pierde de vista las cosas duraderas, y los lazos creados con solidez a través del tiempo.
Un guerrero sabe distinguir lo que es pasajero de lo que es definitivo.
Un guerrero de la luz no cuenta solamente con sus fuerzas; usa también la energía de su adversario.
Al iniciar el combate, todo lo que él posee es su entusiasmo y los golpes que aprendió mientras se entrenaba. A medida que la lucha avanza, descubre que el entusiasmo y el entrenamiento no son suficientes para vencer: se necesita experiencia.
Entonces él abre su corazón al Universo y pide inspiración a Dios, de modo que cada golpe al enemigo sea también una lección de defensa para él.
Los compañeros comentan: "¡Qué supersticioso es!, paró la lucha para rezar, y respeta los trucos de su adversario".
El guerrero no responde a estas provocaciones. Sabe que, sin inspiración ni experiencia, ningún entrenamiento da resultado.
Un guerrero de la luz jamás hace trampas; pero sabe distraer a su adversario.
Por más ansioso que esté, juega con los recursos de la estrategia para alcanzar su objetivo. Cuando ve que están acabando sus fuerzas, hace que el enemigo piense que no tiene prisa. Cuando necesita atacar por la derecha, mueve sus tropas hacia el lado izquierdo. Si pretende iniciar la lucha inmediatamente, finge tener sueño y se prepara para dormir.
Los amigos comentan: "Ved cómo ha perdido su entusiasmo". Pero él no hace caso de los comentarios, porque los amigos no conocen sus tácticas de combate.
Un guerrero de la luz sabe lo que quiere, y no necesita dar explicaciones.
Comenta un sabio chino sobre las estrategias del guerrero de la luz:
"Haz que tu enemigo crea que no conseguirá grandes recompensas si se decide a atacarte; así, disminuirás su entusiasmo.
"No te avergüence retirarte provisionalmente del combate si percibes que tu enemigo es más fuerte; lo importante no es la batalla aislada, sino el final de la guerra.
"Si eres lo suficientemente fuerte, tampoco te avergüences de fingirte débil; esto hará que tu enemigo pierda la prudencia y ataque antes de hora.
"En la guerra, la capacidad de sorprender al adversario es la clave de la victoria".
"Es curioso —comenta para sí el guerrero de la luz—.
Cuánta gente he conocido que en la primera oportunidad intenta mostrar lo peor de sí mismo. Esconden la fuerza interior detrás de la agresividad; disfrazan el miedo a la soledad con aires de independencia. No creen en su propia capacidad, pero viven pregonando a los cuatro vientos sus virtudes".
El guerrero lee estos mensajes en muchos hombres y mujeres que conoce. Nunca se deja engañar por las apariencias y permanece en silencio cuando intentan impresionarle. Pero usa la ocasión para corregir sus propios fallos, ya que las personas son siempre un buen espejo.
Un guerrero aprovecha toda y cualquier oportunidad para enseñarse a sí mismo.
El guerrero de la luz a veces lucha con quien ama.
El hombre que preserva a sus amigos jamás es dominado por las tempestades de la existencia; tiene fuerzas para vencer las dificultades y seguir adelante.
Sin embargo, muchas veces se siente desafiado por aquellos a quienes procura enseñar el arte de la espada. Sus discípulos lo provocan para un combate.
Y el guerrero muestra su capacidad: con algunos golpes, lanza las armas de sus alumnos por tierra y la armonía vuelve al lugar de reunión.
—¿Por qué hacer esto, si es tan superior? —pregunta un viajero.
—Porque cuando me desafían, en verdad están queriendo conversar conmigo y, de esta manera, mantengo el diálogo —responde el guerrero.
Un guerrero de la luz, antes de entrar en un combate importante, se pregunta a sí mismo: "¿Hasta qué punto desarrollé mi habilidad?"
Él sabe que las batallas que trabó en el pasado siempre terminan por enseñar algo. No obstante, muchas de estas enseñanzas le hicieron sufrir más de lo necesario. Más de una vez perdió su tiempo luchando por causa de una mentira. Y sufrió por personas que no estaban a la altura de su amor.
Los victoriosos no repiten el mismo error. Por eso el guerrero sólo arriesga su corazón por algo que vale la pena.
Un guerrero de la luz respeta la principal enseñanza del I Ching: "La perseverancia es favorable".
Él sabe que la perseverancia no tiene nada que ver con la insistencia. Existen épocas en las que los combates se prolongan más allá de lo necesario, agotando sus fuerzas y debilitando su entusiasmo.
En estos momentos, el guerrero reflexiona: "Una guerra prolongada termina también destruyendo la victoria".
Entonces retira sus fuerzas del campo de batalla y se concede una tregua. Persevera en su voluntad, pero sabe esperar el mejor momento para un nuevo ataque.
Un guerrero siempre retorna a la lucha. Pero nunca lo hace por obstinación, sino porque nota el cambio en el tiempo.
Un guerrero de la luz sabe que ciertos momentos se repiten.
Con frecuencia se ve ante los mismos problemas y situaciones que ya había afrontado; entonces se deprime, pensando que es incapaz de progresar en la vida, ya que los momentos difíciles reaparecen.
"¡Ya pasé por esto!", se queja él a su corazón.
"Realmente tú ya lo pasaste —responde el corazón—, pero nunca lo sobrepasaste".
El guerrero entonces comprende que las experiencias repetidas tienen una única finalidad: enseñarle lo que no quiere aprender.
Un guerrero de la luz siempre hace algo fuera de lo común.
Puede bailar en la calle mientras se dirige al trabajo, mirar los ojos de un desconocido y hablar de amor a primera vista, defender una idea que puede parecer ridícula. Los guerreros de la luz se permiten tales días.
No tiene miedo de llorar antiguas penas, ni de alegrarse con nuevos descubrimientos. Cuando siente que llegó el momento, lo abandona todo y parte hacia su aventura tan soñada. Cuando entiende que está en el límite de su resistencia, sale del combate, sin culparse por haber hecho alguna locura inesperada.
Un guerrero no pasa sus días intentando representar el papel que los otros escogieron para él.
Dice un poeta: "El guerrero de la luz escoge a sus enemigos"
Él sabe de lo que es capaz; no necesita andar por el mundo contando sus cualidades y virtudes. Sin embargo, a cada momento aparece alguien queriendo probar que es mejor que él.
Para el guerrero, no existe "mejor" o "peor"; cada uno tiene los dones necesarios para su camino individual.
Pero ciertas personas insisten. Provocan, ofenden, hacen todo lo posible para irritarle. En este momento, su corazón dice: "No aceptes las ofensas, ellas no aumentarán tu habilidad. Te cansarás inútilmente".
Un guerrero de la luz no pierde su tiempo escuchando provocaciones; él tiene un destino que debe ser cumplido.

El guerrero de la luz recuerda un fragmento de John Bunyan:
"Aun cuando haya pasado por todo lo que pasé, no me arrepiento de los problemas en que me metí, porque fueron ellos los que me condujeron hasta donde deseé llegar. Ahora, todo lo que tengo es esta espada, y la entrego a cualquiera que desee seguir su peregrinación. Llevo conmigo las marcas y las cicatrices de los combates; ellas son testimonio de lo que viví y recompensas de lo que conquisté.
"Son estas marcas y cicatrices queridas las que me abrirán las puertas del Paraíso. Hubo una época en la que viví escuchando historias de hazañas. Hubo otras épocas en que viví simplemente porque necesitaba vivir. Pero ahora vivo porque soy un guerrero y porque quiero un día estar en la compañía de Aquel por quien tanto luché".
Desde el momento en que comienza a andar, un guerrero de la luz conoce el Camino.
Cada piedra, cada curva, le da la bienvenida. Él se identifica con las montañas y los arroyos, ve un poco de su alma en las plantas, en los animales y en la aves del campo.
Entonces, aceptando al ayuda de Dios y de las Señales de Dios, deja que su Leyenda Personal le guíe en dirección a las tareas que la vida le reserva.
Algunas noches no tiene dónde dormir, otras sufre de insomnio. "Esto forma parte del juego —piensa el guerrero—. Fui yo quien decidió seguir por aquí".
En esta frase está todo su poder: él escogió la senda por donde camina ahora y no tiene motivo para protestar.
De aquí en adelante —y por algunos centenares de años —el Universo ayudará a los guerreros de la luz a boicotear a los prejuiciosos.
La energía de la Tierra necesita ser renovada.
Las ideas nuevas necesitan espacio.
El cuerpo y el alma necesitan nuevos desafíos.
El futuro se transformó en presente, y todos los sueños —excepto los que contienen prejuicios —tendrán oportunidad de manifestarse.
Lo que haya sido importante, permanecerá; lo inútil, desaparecerá. El guerrero, sin embargo, no está encargado de juzgar los sueños del prójimo y no pierde tiempo criticando las decisiones ajenas.
Para tener fe en su propio camino, no necesita probar que el camino del otro está equivocado.
Un guerrero de la luz estudia con mucho cuidado la posición que pretende conquistar.
Por más difícil que sea su objetivo, siempre existe una manera de superar los obstáculos. Él verifica los caminos alternativos, afila su espada, procura llenar su corazón con la perseverancia necesaria para enfrentarse al desafío.
Pero a medida que avanza, el guerrero se da cuenta de que existen dificultades con las cuales no contaba.
Si permanece esperando el momento ideal, nunca saldrá del lugar; es preciso un poco de locura para dar el próximo paso.
El guerrero usa un poco de locura. Porque en la guerra y en el amor, no es posible preverlo todo.




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